El mago muestra cuatro cartas unidas por su parte inferior con un ojal redondo perfectamente remachado, que permite abrir y cerrar las cartas en abanico.
Las cartas se abren para mostrar el orden y posición de las mismas.
Sin ninguna manipulación, el mago cierra el conjunto, y después de algún pase mágico, con toda limpieza lo abre de nuevo.
Las cartas han intercambiado sus posiciones, a pesar de que el ojal, está realmente remachado sin posibilidad de haber sido vulnerado.
Al hilo de la historia, el efecto ocurre por segunda vez, volviendo las cartas a sus posiciones anteriores, insistiendo en que el remache permanece íntegro sin posibilidad de manipulación.
UNA BONITA HISTORIA COMO EL AGUA Y ACEITE.
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